El dueto de padre e hija formado por Paula Sofía y Enrique Figueroa, de Puerto Rico, se llevó el oro en catamaran mixto en la competencia final de vela ligera de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, disputada en las aguas de Salinas de Puerto Hermoso, Baní.
Una historia familiar detrás del oro en catamaran mixto
Más allá del resultado deportivo, lo que conquistó a los presentes fue la historia detrás del binomio boricua: padre e hija compitiendo juntos sobre la misma embarcación, sincronizados en cada viraje, hasta sumar 22 puntos en la prueba definitoria y asegurar la medalla dorada de la modalidad.
La dupla guatemalteca conformada por Irene Abascal Van y Jason Alexander Castillo se quedó con la plata tras acumular 30 tantos, mientras que el bronce fue para los venezolanos Andrea Saba y Yamil Alejandro Saba, con 34 unidades en la última prueba de la disciplina.
Baní, escenario de altura para la vela centroamericana
Las competencias de vela ligera de los Juegos Santo Domingo 2026 se desarrollaron en Salinas de Puerto Hermoso, en la provincia de Baní, un punto del litoral dominicano reconocido por sus condiciones de viento constante, ideales para regatas de catamarán y otras clases olímpicas. La elección del sitio permitió a los equipos de toda la región competir en un entorno técnico exigente, con el Caribe como telón de fondo y ráfagas que exigieron ajustes constantes de estrategia a cada tripulación.
El catamarán mixto es una de las modalidades que fomenta la participación conjunta de tripulantes de distinto género en una misma embarcación, lo que añade una capa extra de coordinación y comunicación a la estrategia de regata. En este caso, el vínculo familiar entre los Figueroa se tradujo en una ventaja competitiva evidente frente a las duplas rivales, que necesitaron mucho más tiempo de trabajo conjunto para alcanzar ese nivel de sincronía en timón y velas.
Lo que significa para República Dominicana como país anfitrión
Acoger una prueba de vela de este nivel en Baní refuerza la posición de República Dominicana como sede capaz de albergar disciplinas náuticas de alta exigencia dentro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Para la provincia y su comunidad costera, ser escenario de una final regional con historias como la de los Figueroa deja una vitrina deportiva y turística de gran valor, además de posicionar a Salinas de Puerto Hermoso como un punto de referencia para futuras regatas internacionales.
La vela ligera ha sido, edición tras edición, una de las disciplinas donde el Caribe insular —Puerto Rico, Bermudas, Venezuela— muestra su tradición náutica más consolidada, y el resultado de este sábado en Salinas de Puerto Hermoso confirma esa jerarquía regional, ahora con un capítulo familiar que quedará entre las postales más recordadas de los Juegos.
Para el país anfitrión, cada regata disputada con éxito logístico y deportivo en sus costas se traduce en experiencia acumulada para organizar eventos náuticos de mayor envergadura en el futuro, un legado que trasciende el medallero de esta edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

